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LA GRAN TAREA LA OBRA DE GOBIERNO DE LUIS A FERRÉ
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ISBN: 9781617900310
Price: $24.99
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Escrito por Guillermo A. Baralt EL ensayo histórico que el lector tiene en sus manos nació a raíz de la exhortación que hace unos años me hiciera Antonio Luis Ferré a que se llevara a cabo una minuciosa investigación encaminada a estudiar con mayor profundidad la obra de gobierno de Luis A ferré (1969-1972).
Por Carmen Dolores Hernández / ESPECIAL EL NUEVO DÍA
El triunfo del ponceño Luis A. Ferré en las elecciones de 1968 le puso fin a una era e inició otra, transformando la historia política del país. Tras 28 años de gobierno del Partido Popular Democrático (PPD), el poder recayó en un defensor de la estadidad, fundador -un año antes- del Partido Nuevo Progresista (PNP), que se separó del Estadista Republicano, implantando un estilo político más flexible.
A la figura carismática de Luis Muñoz Marín le sucedía otra también carismática.
La práctica y la cultura políticas cambiaron: una legislatura dividida entre los populares que controlaban el Senado y los PNP que tenían mayoría en la Cámara de Representantes le impidió al Ejecutivo contar con un apoyo legislativo absoluto.
Don Luis ganó las elecciones tras una campaña mediática muy efectiva (¿quién, que se acuerde de aquellos años, puede olvidar la afirmación contundente, acompañada de un puño sobre la mesa: “Ferré lo hará”?). Y acometió científicamente la obra de gobierno: buscó asesores entre profesores de Massachusetts Institute of Technology (MIT) especializados en administración e instaló un Consejo Asesor del Gobernador para el Desarrollo de Programas Gubernamentales que resultaba innovador.
Más allá de la brevedad de su mandato (un solo término), de su significación política inmediata (un cambio de partido, de ideología y de estilo) y del bipartidismo que inauguró su triunfo, era hora ya de que se examinara más de cerca ese cuatrienio: lo que hizo Ferré, lo que no pudo hacer y lo que no lo dejaron hacer, es decir, sus logros y sus carencias. Solo así, desapasionada y documentadamente, se calibra la historia.
Prestigioso como historiador, acucioso como investigador, Guillermo Baralt ha hecho un trabajo muy completo. Su libro detalla las circunstancias de la gobernación de don Luis. Se detiene en hitos como su programa de justicia social (que incluía darles títulos de propiedad a quienes usufructuaban parcelas rurales entregadas por el Gobierno; legislar la concesión de un bono de Navidad para los empleados, primero públicos y luego de las empresas privadas, y el diseño de una estructura corporativa que promoviera la participación obrera en el capital); sus planes para la vivienda, la educación y la salud; sus directrices respecto a la agricultura y la industria; su proyecto de construcción de carreteras y su atención (pionera) a los problemas ambientales.
También toma en cuenta las circunstancias ideológicas que rodearon la gobernación. El año de 1968 fue, en todo el mundo, un momento de revoluciones políticas, sociales, sexuales y estudiantiles; al ponceño le tocó su repercusión en Puerto Rico. Ferré gobernó durante un momento de reclamos por parte de los independentistas y sus varias facciones -algunas violentas- con la consiguiente contrapartida (también violenta) de un terrorismo de derecha. Le tocó, además, una de las peores huelgas que ha tenido la Universidad de Puerto Rico en su historia (1970-71). Y le tocó la crisis de Culebra, cuando la Marina de Guerra quiso adquirir la isla municipio entera para sus prácticas de tiro.
El cuatrienio fue dramático. Se dieron ironías tales como que fuera un industrial exitoso quien enarbolara el banderín de la justicia social y lo hiciera avanzar respecto al programa del PPD, identificado con las clases pobres. Y -por su condición de industrial- sorprende favorablemente su defensa de la agricultura, tan deprimida ante el programa de industrialización del PPD.
Más sorprendente aún fue su defensa del Estado Libre Asociado (ELA) en dos ocasiones. La primera en 1953, cuando el caso de Puerto Rico fue llevado a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y Puerto Rico fue sacado de la lista de colonias sobre las que tenían que informar las metrópolis. Adujo Ferré entonces que la ONU no debería tener jurisdicción sobre ciudadanos de los Estados Unidos. Cuando en el 1971 Cuba intentó reabrir el caso, Ferré defendió por segunda vez al ELA.
Tales situaciones señalan hacia dos cualidades que han desaparecido del ámbito político puertorriqueño: integridad y flexibilidad. No son en absoluto antagónicas entre sí; en su mejor expresión son complementarias. Su integridad puso el país por sobre sus preferencias partidistas. Su flexibilidad lo hizo capaz de transigir políticamente cuando fue necesario para el bien común. Ejemplar fue su receptividad hacia servidores públicos asociados con el PPD u otros partidos cuando su ejecutoria lo ameritaba. Tales muestras de sabiduría y prudencia no fueron, lamentablemente, bien recibidas por los activistas más fanáticos de su partido. Muy otra sería la suerte de nuestro país si los gobernantes posteriores hubieran seguido su ejemplo.
Este libro analiza con detalle la obra de gobierno de Ferré, la documenta escrupulosamente y hace un balance justo de aciertos y -también- de desaciertos. El saldo de su lectura es la imagen de un hombre recto, bien intencionado, de mentalidad moderna, que cumplió un papel importante en la historia política puertorriqueña como eje entre
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